
no estoy enamorado, sólo estoy entoloachado...
Ya parece costumbre en víspera de mi cumpleaños el pensar que un nuevo comienzo se aproxima, el renacer, hasta inconscientemente me preparo todo un protocolo para recibir todo eso nuevo, eso novedoso que se aproxima, aunque ya desde hace un tiempo deje de celebrarlo no puedo quitarme esos fetiches estúpidos. Sartas que después de cumplir años se vuelven sin falta de sentido.
Hay una infinidad de razones que me pueden dar para desmentir mi amargura ante los cumpleaños, unas muy buenas, otras no tanto, algunas más creativas, pero todas impregnadas de amor a la vida de esas que salen de personas que son dichosas hasta el hueso -o eso creen-.
Es mejor irme malgastando los primeros minutos de esta nueva edad mirando por la ventana a ver si ese renacer llega, transportándome hacia tiempos calidos y fríos, hacia personas, lugares desde los más in hasta los tugurios mas asquerosos, saltando de lo negro a lo blanco, caminando desde la vida mas sobria y apaciguada hasta la mas ruidosa, pinché y remilgosa. Si, hay vienen los abrazos, las felicitaciones algunas hasta son dichas batallosamente poéticas.
Caray hasta ahorita en los minutos que van de este cumpleaños no hay renacer alguno, no hay nada extraordinario todavía que me saque de este desasosiego, de esta asquerosa paz, solo los rayos del sol hacen que entrecierre los ojos mientras veo el paso de la gente por ese pequeño puente que une la parte derecha del hotel con la izquierda y el cual caminare de nuevo, solo que esta vez lo voy hacer con las cabeza agachada, con una cierta tranquilidad agarrandome de la mano y con un año mas de vida. Viéndolo de una manera sutil, si es un extraño recomienzo.
