
no estoy enamorado, sólo estoy entoloachado...
En la primaria todas las niñas eran oficialmente detestadas y el que mas bromas crueles les hacia, era el cabroncito que mas ruleaba de toda la banda, así mismo cuando en la secundaria era el que mas niñas traía atrás de el (no wonder, por que algunas féminas les gusta que las maltraten) dando fe de que la supervivencia del mas cabron es aplicable en toda edad. Aparte de mis idealismos de niño, mi comportamiento raro para algunas personas, mis traumas y de mis invisibilidades más no imbecilidades crecí de lo más normal, claro esta dentro de los estándares de lo que se puede considerar normal, siempre va a ver gente desocupada que va por la vida buscando encontrar anomalías en uno, que si no te comportas, no hablas y no juegas con tus compañeritos de escuela como la demás perrada, te vas a volver un resentido de la sociedad, un desquiciado solitario e indudablemente acabaras de asesino en potencia. Extraoficialmente estas gentes te destinan una vida de la chingada, mientras les pasa desapercibida la pendejez aguda en la que viven sus hijos, es curioso como a veces el juego de los padres se vuelve mas estupido que el de sus hijos.
El ser invisible era mi fuerte, mi carta de presentación el estar pero a la misma vez el no estar. Esconderme detrás de los cercos de la niñez servia un poco para que no te hiciera trizas la realidad, lejos del bullicio, escondido pero al fin que importaba, mi cuaderno era mi fiel compañero, en el escribía y dibujaba en los recreos, donde los interminables garabatos se plasmaban, cuaderno que era dinamita pura ante mis ojos, donde cada pensamiento tejía historias y mas historias de personajes que cabrían perfectas en escritos que rayaban en la chafez, escritos de un lactante en la escritura, mi cuaderno era la honorabilidad que ponía al frente y me rescataba, para que todos pensaran que mi retraimiento era elección mía de nadie mas.
Solo observar se volvía una fascinación, a miss María una solterona en sus cuarenta, que siempre cargaba una gabardina de dureza y arbitrariedad impune ante los estudiantes, quedaba frágil e indefensa cada vez que miraba a un bebe, se desvivía y una mirada triste se aparcaba en ella, las añoranzas la acribillan de una manera penosa.
Juanelo, el portero y su siempre encendida televisión, sus programas de concursos en los que se perdía en sus ratos libres, un mil usos de corazón, su risa sumisa, su actitud indiferente y la clásica huida, cada vez que los insultos y las bromas crueles del alumnado se hacían presente, le daban la actitud de una persona de quien no acaba jamás de despertar su valía como persona. Su soledad quemaba, siempre pensé que si hubiera habido alguien con quien compartiera sus programas de concursos, los hubiera disfrutado mas, su vida empezaba y acababa tristemente al abrir y cerrar aquel portón oxidado, pesado que se erguía como una muralla impenetrable con la que se dividía la libertad.
Miss Maribel y su sensualidad que se alzaba como la punta de un iceberg y que desentonaba con la atmosfera religiosa de la escuela, su falda relativamente corta y su cruce de piernas era la compensación de todo un día de clases, la imaginación volaba a una velocidad sorprendente cuando hacia su acto de presencia, dejando atrás esa no malicia, esa pureza, esa bondad de un niño, que Dios nos dio al nacer y que poco a poco se desvanecía al contoneo de aquellas piernas (años mas tarde yo y Rafa nos la encontraríamos en una marisquería, casada y con hijos, llego un punto de la conversación en que empezamos a contar los “Oseas” que salían de su boca, alrededor de 20 en una conversación de 5 minutos, todo el recuerdo bello que teníamos de ella se fue al carajo).
Sr Aguilar, tesorero de la escuela, dudosamente era el que conducía el carro más elegante y nuevo de todo el personal de la escuela, con su cabellera plateada y su galanura le daba un aire a la escuela de respetabilidad y elegancia. Siempre sonriente, se decía que en su casa tenia una pluma mont blanc que consiguió en unos de sus viajes, que cada año viajaba a la tierra santa y que su trabajo de contador y tesorero era bien remunerado por la escuela, aunque en los tiempo de lluvias todos a los que nos gustaba sentarnos hasta atrás, cerca de los ventanales, teníamos que sentarnos al frente por que los vidrios quebrados y que nunca vi que remplazaran por nuevos, se les metía el agua y nos mojaban, a mi me gustaba por que nos juntábamos en el centro y a consecuencia de eso quedaba cerca de Eloísa, la niña que me gustaba, vivía cerca de la línea, cada vez que cruzaba al otro lado, me gustaba pasear por su casa, guerita de ojos claros, una vez años mas tardes me dijo que sus papas siempre quisieron vivir en estados unidos, como nunca pudieron, trataban de comportarse y vivir como americanos, gracias a ese comportamiento pendejo de parte de sus papas fue como conocí el peanut butter y el chiz whiz, de eso eran sus sándwiches, siempre me daba uno y se comía el otro, antes que acabara la escuela se fue, toda su familia se fueron para el sur, a Sinaloa de donde era su mama, nunca pudieron conseguir sus papas ese sueño de vivir plenamente en los estados unidos, yo desde un tiempo atrás, supe que ya habían desistido de ese sueño, sus besos ya no sabían a peanut butter ni a chiz whiz.
Que tiene que ver todo esto con un niño disfrazado de cowboy…..No lo se, pero a poco no me veo bien pinché bonito.